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Más información Sobre Parkinson
No existe prevención ni cura definitiva para esta patología, aunque sí numerosas posibilidades médicas y quirúrgicas para controlarla. Por este motivo es muy importante que el paciente sea controlado por un médico neurólogo especialista en esta enfermedad.
Generalmente se inicia con episodios transitorios de temblor en una mano, luego éste puede extenderse a otras partes del mismo lado del cuerpo y posteriormente al otro hemicuerpo. El temblor, que inicialmente es leve, puede aumentar, llegando a interferir la habilidad para ejecutar algunos movimientos. El temblor suele acompañarse de rigidez del mismo lado del cuerpo y con el transcurrir del tiempo puede extenderse al resto del organismo. Se puede presentar dificultad para realizar movimientos delicados y coordinados como abrocharse los botones o cepillarse los dientes y puede lentificarse la marcha e incluso dificultarse, siendo los pasos cada vez más pequeños con la sensación de estar pegado al piso, como también resulta imposible de atravesar puertas o pasillos o transitar por lugares pequeños. El volumen de la voz puede disminuir, hasta volverse inentendible en algunos casos. En ocasiones se plantean problemas de equilibrio postural. En un estadío avanzado de la enfermedad es común que la levo-dopa (medicación imprescindible para el tratamiento de Parkinson) tenga menor efecto benéfico que en un inicio y provoque movimientos involuntarios llamados diskinesias. Estos movimientos pueden presentarse en una extremidad, en un hemicuerpo o ser generalizados, comprometiendo las actividades diarias. Sin lugar a dudas, la evolución de la enfermedad varía según el paciente, y el tratamiento ayuda a lentificar su progresión.
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